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lunes, 6 de abril de 2020

Hipótesis de cómo se materializa la realidad 1

El mundo de lo más pequeño ha mudado a lo largo de la Historia por distintas pieles según la capacidad tecnológica que lo investigara. Estoy seguro de que hace 10.000 años ya había personas que se planteaban que las cosas eran más pequeñas de lo que podíamos percibir por nuestros sentidos. Parece ser que ya los filósofos griegos estuvieron dándole vueltas y dejaron escritos sobre ello: Leucipo, Demócrito, Empédocles, Aristóteles, etc. iban más allá de lo observado, con su lógica.

No ha sido hasta el siglo pasado cuando el conocimiento sobre de qué está hecho el Universo ha avanzado lo que no está escrito gracias al surgimiento de las tecnologías de la observación, sin embargo, se quedará en mera anécdota de comienzo de la era, cuando dentro de 1000 años miremos hacia atrás.

Aún así, no quiero dejar de plasmar por escrito mis pensamientos sobre ello y el tiempo me corregirá.

Pensaba en la velocidad de la luz y su valor absoluto y en cómo no podemos llegar a ella ya que necesitaríamos toda la energía del Universo. También pensaba en la actual visión de la Física de lo que somos, ese mar de ondas, lleno de probabilidades, que son casi del 100% en lugares y momentos concretos, que esperan una conciencia para darles sentido.

El sentido de la vista funciona de manera que lo que nosotros vemos son los fotones que rebotan en la materia, visto desde una perspectiva actual, por nuestro ojo pasan constantemente muchos fotones y solo los que nuestro cerebro interpreta, se harán realidad, esto es, se convertirán en partículas. El cerebro está conectado con un campo probabilístico, en el cual hay sitios y momentos donde la probabilidad de colapso es la mayor posible ante él y que interpreta como real, o sea, el cerebro percibe, como partícula, una onda muy probable en el campo probabilístico. Nuestros sentidos captan la realidad más probable y nuestro cerebro le da sentido. Esto quiere decir que todo existe en forma de ondas probabilísticas y solo al medirla, observarla, la convertimos en real. Según los experimentos, es al tomar conciencia de lo medido, cuando se nos torna real y con real me refiero a lo que cada cerebro interpreta, colapsa (aunque sea diferente) de lo mismo.



Aquí va mi hipótesis, en cuanto cada ser vivo sea consciente, cada uno en su medida, y empiece a interpretar su universo, se propaga una especie de onda de consciencia que dará sentido en cascada a su alrededor. Es como si llevara una esfera alrededor de sí, de radio hasta donde alcancen sus sentidos desplazándose con él y que en el límite va haciendo colapsar el mar de ondas probabilísticas a su realidad. En consecuencia, es la velocidad a la que ese mar de ondas probabilísticas colapsan en partículas la que da valor absoluto a la "velocidad de la luz", es decir, conforme va dando sentido, va creando su realidad a velocidad de colapso. O sea, la velocidad de colapso es la absoluta. De lo que no estoy seguro es de si es concreta o infinita.

La velocidad de la luz es un particular de la velocidad de colapso, siendo la velocidad a la que se colapsan los fotones. Una partícula con menos masa que un fotón colapsará más rápido y, por tanto, irá más rápido, para un mismo observador, que el fotón.

La masa gravitatoria y la masa inercial dependen de la cantidad de realidad a colapsar. No es lo mismo que colapse una pluma a que colapse una bola de bolos. Si se trata de la vista, la pluma y la bola serán parte del vídeo en dos dimensiones que el cerebro tiene que colapsar, con lo que la cantidad de colapso será prácticamente igual. Sin embargo, si tenemos que empujarlos o dejarlos caer nos daremos cuenta de la masa de cada objeto,  ya que al cerebro le costará más colapsar la bola que la pluma. Así, tomamos conciencia de la masa.

La gravedad es la tendencia de la materia colapsada a estar en el centro de masas, de ahí que nunca podamos ver a un agujero negro. Su masa es tal que la esfera de colapso no sería capaz de colapsar sus fotones, ya que antes de terminar el colapso, buscará el centro de masas. Solo podemos observar hasta el horizonte de sucesos, lugar donde está la máxima cantidad de materia capaz de ser colapsada por nuestros instrumentos de observación antes de ir al centro de masas. Por otro lado, cuanto más pequeña sea la partícula a observar, más cerca del interior del agujero negro se puede llegar y solo haría falta la capacidad de detección de partículas más pequeñas que los fotones para poder observar el interior.

El tiempo será relativo a la masa a colapsar e irá mas lento conforme el observador tenga que colapsar más masa y la interactuación de sus propiedades antes medidas. Si tomamos dos masas conocidas e iguales, pero de la primera conocemos dos propiedades y de la segunda tres propiedades, las dos de la primera más otra diferente, la primera tardará menos en colapsar, para una misma consciencia. Sería lo mismo que fabricar dos ruedas, si una es blanda y poco ruidosa, y la otra es blanda, poco ruidosa y blanquiazul, la primera se fabricará más rápida que la segunda.

Así, cuanto más velocidad tenga el observador más cantidad de masa tendrá que colapsar y, por tanto, el tiempo irá más lento hasta que se llegue a velocidad de colapso, donde se parará el tiempo, ya que el cerebro no podría captar la "realidad antes del colapso".

La energía es la tendencia a que ocurra lo más probable cuando colapsa el campo de ondas probabilísticas en una realidad algo menos probable. Lo más probable es lo estable, o sea, donde todo es lo mismo. Así, lo que colapse menos probable será mas inestable y buscará su estabilidad, produciendo trabajo. Nuestro Universo es uno de los infinitos que pueden haber distintos a la nada, (que es lo más probable) y al que damos forma aportando cada ser vivo su colapso particular, con lo que, mientras vuelve a ser nada, la energía fluye produciendo trabajo.

Luego, nuestra realidad es una de las infinitas que se pueden dar con un cierto grado de inestabilidad para que la energía fluya y, en consecuencia, el tiempo. Y aunque la tendencia es que vamos hacia lo más probable, es decir, cero energía inestable (entropía infinita), siempre cabe la probabilidad de que por el camino encontremos otra realidad improbable.

Solo lo medido es objetivo para los seres vivos, cuanto más Ciencia más unificaremos la "visión" del Universo.
https://josefp.blogspot.com/2020/05/hipotesis-de-como-se-materializa-la.html

domingo, 19 de agosto de 2018

Inteligencia artificial (IA)

Un niño de 2 años se acerca a un barranco, inevitablemente, si quiere seguir, nada en su mente le hará parar. Solo las enseñanzas de su ambiente harán que, sin probarlo, vea un posible futuro que no le guste y pare por sí solo. Morir no es una preocupación de una persona hasta que es capaz de tener una relación suficiente como para no querer perderla y perder dicha relación.

La conciencia no es digital y aparece poco a poco mientras nuestro cerebro va aprendiendo qué es lo que ocurrirá cuando pase algo. Aprender (significativamente) nos irá dando conciencia, aprenderemos qué es real y qué es irreal, qué es verdad y qué es mentira, qué es bueno y qué es malo, todo ello de forma subjetiva, en función de las experiencias únicas que cada humano vivimos.

En este sentido, podríamos hablar de una conciencia social porque la sociedad ha aprendido que ciertas pautas le llevan a una situación que no quiere, pero claro eso depende del conocimiento y consecuencia de lo aprendido por cada una de las personas que la componen, de ahí que los medios para informar y que aprendan las personas sean codiciadas por los que gobiernan.

Entonces, tenemos claro que tener almacenada en algún sitio mucha información, por ejemplo en la memoria, no nos hace concientes. Cuando hablo de aprender significativamente, es aprender de modo relacional, como parte de un todo. Cuanto más puedas abarcar en la relaciones que tiene lo aprendido con el Universo, más conciente serás.

Descubrir cómo nuestro cerebro aprende es uno de los siguientes retos. Cómo cambia nuestro cerebro fisico-químicamente cuando un estímulo nos llega, le prestamos atención, lo retenemos y lo relacionamos con el todo.

Nuestro cerebro, aunque su unidad organizada más famosa sea la neurona, no solo es esta la que da la multidimensionalidad a la conciencia, sino cada una de las partículas que componen el cerebro, siendo la neurona un nivel más de organización macroscópica. La conciencia no reside en las neuronas, si no en cómo se organizan las partículas que animan la neurona.

Las redes neuronales no podrán imitar nunca a un humano, no podrán se concientes, no podrán saber nunca si aman o son amadas y sus consecuencias. Para conseguirlo, tendrán que bajar al nivel partículas, su organización y ensamblaje. Esto es absolutamente imposible con la tecnología actual, basada en ceros y unos, ya que las partículas pueden tener más estados.

La IA actual trabaja en una capa por encima de la que trabaja nuestro cerebro, o sea, es como si programáramos en lenguaje C y nos olvidáramos de los ceros y unos, y no porque no sepamos, si no porque la tecnología que podrá trabajar en la capa más básica de nuestro cerebro, todavía no existe. La tecnología de computación cuántica está en sus comienzos, con lo que todavía quedan algunos años para que se pueda simular la evolución de una molécula compleja, no digamos de una neurona.

Por ahora, la IA actual solo nos brindará procesos lógicos y creatividad "random". Ya es capaz de aprender, evaluar y ejecutar acciones inteligentes, pero sin saber por qué lo hace. Los buscadores aprenden cuáles son nuestros intereses, las neveras saben qué tienen que comprar, los coches saben por dónde y hacia dónde ir, pero no saben que son máquinas y para qué lo hacen. La IA actual y futura inmediata, hará la mayoría de los procesos que hacemos nosotros, pero no esperemos que sea conciente de sus hechos, no podrá decidir sobre sí misma algo no programado, porque no sabe que existe. Se podrá llegar a conciencias de animales como pequeños mamíferos, pero la inmensa cantidad de partículas y sus relaciones que hay en un humano solo se conseguirá con la capacidad de la computación cuántica en etapas avanzadas de su desarrollo. La inteligencia artificial es ya una realidad, no así la inteligencia artificial conciente.

lunes, 6 de noviembre de 2017

El Octavo pecado capital

La conciencia aparece cuando te das cuenta de las consecuencias de tus pensamientos. Desde la activación del sistema nervioso, el feto reacciona a los estímulos sin sentido, poco a poco va reaccionando con actos reflejos hasta que un día, ya como bebé, reconoce un estímulo, ya sea exterior o interior y actúa en consecuencia. Es en ese momento cuando comienza a tomar conciencia, e irá reconociéndose y reconociendo su entorno.

Para reconocer algo es necesario tener en la mente una "plantilla" que se parezca mucho al estímulo a reconocer, esto nos lleva a la necesidad de tener memoria para reconocer y raciocinio para actuar.

El funcionamiento del cerebro humano no se conoce muy en profundidad y por ende la memoria tampoco. La memoria es un arma de doble filo y simplificando, hay de la que no modifica físicamente el cerebro y la que sí lo modifica. Esta última suele ser más longeva ya que el soporte físico es bastante estable, con lo que si no se distorsiona la modificación, el recuerdo será para siempre. Si, aunque distorsiones con otros estímulos el recuerdo, lo evocas cada cierto tiempo, se mantendrá mejor y más nítido. Aun así, el recuerdo es pentadimensional, es decir, cada recuerdo es una mezcla de cada uno de los sentidos y con las intensidades correspondientes, dependiendo del estímulo. No es lo mismo recordar una canción que una foto, ni es lo mismo que asomarte al Valle de Ordesa donde tan importante es lo que ves, como lo que escuchas, como lo que hueles, como lo que sientes. Esto hace que lo que recordemos sean sumatorias de sentidos, a no ser que, centremos la atención en un aspecto concreto del momento. Esta "pentadimensionalidad", junto a la plasticidad del cerebro y el limitado sustrato de este con respecto al sustrato del momento a recordar (aunque utilizásemos todas las partículas del cerebro en un recuerdo, lo nomal, es que lo que queremos recordar tenga más partículas), hacen que los recuerdos no sean tan idénticos como nos gustaría.

En la evolución de las especies, el aspecto memorístico es clave como herramienta para la adaptación, buscando recordar los aspectos dañinos que de forma inminente acechan la integridad. Este hecho marca profundamente para qué está preparado el cerebro, atrayéndonos mucho más lo malo que lo bueno. Lo constatamos diariamente.

Pero el hombre ha conseguido niveles de adaptación tan elevados, que la seguridad ha pasado a un segundo o tercer plano, pudiendo utilizar la memoria para algo más que la adaptación, apareciendo los "pecados", porque dejan de ser estrategias de adaptación y pasan a ser modos de vida, utilizándose para otros objetivos distintos a la pura adaptación.

El Rencor, merece ser pecado capital y su dominio es fruto de un entrenamiento constante en el arte de comprender y esconder recuerdos malos. El rencor se da, cuando el objetivo de recordar la escena dolorosa no es comprenderla. El rencor en su inicio, impregna todo el cuerpo y pasado el tiempo se esconde agazapado para salir en el momento más inesperado.

Dependerá del impacto causado en el cerebro el que se pueda prácticamente olvidar o que no se olvide nunca y es el aprendizaje de la gestión de esos recuerdos lo que nos hará más o menos rencoroso. Pero es el paso de sufrirlo a exteriorizarlo con acciones contra el que te ha hecho sufrir, el que llena de contenido la palabra rencor.

Comprender, empatizar y pasar página, produciendo pensamientos positivos nos hará, si se hace desde pequeño, menos rencoroso. El rencor no es positivo, en ningún caso, fuera de su misión para la adaptación.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Los robots, ¿tomarán el control?

En 1951, Alan Turing escribió: "En algún momento... cabe esperar que las máquinas tomen el control". Turing planteó un test para poder distinguir a un humano de un robot y en aquel momento, comenzó la veda para los visionarios, entre ellos, yo. Cientos de artículos, películas, libros, etc., emergieron y emergen al albor de tal propuesta.

Cuando yo estudiaba en el instituto (en una época en la que empezaban a aparecer los primeros ordenadores domésticos, como por ejemplo el Sinclair ZX81), en un debate con el profesor de Ética sobre el papel de los ordednadores en la sociedad, y sin tener el gusto de conocer al señor Turing, le hice una predición: "las máquinas nos dominarán". Mi profesor tenía por entonces ya bastantes años y lo de las máquinas le venía largo. Al día siguiente, me paró en los pasillos y me dijo: "¿de verdad crees que nos dominarán?"

A lo largo de los años y después de muchas reflexiones he ido matizando mi predicción. Eso sí, yo creía que quedaban cientos de años y, según se desprende de la evolución tecnológica actual, no queda tanto, quizas decenas de años. Me explico: al estudiar la naturaleza de las cosas, podemos diferenciar entre las cosas muy grandes, como por ejemplo, una galáxia; las cosas abarcables por el ser humano sin tecnología ninguna, como por ejemplo una manzana; y las muy pequeñas, como por ejemplo un electrón (partícula). Se sabe que el comportamiento de una manzana es muy diferente al comportamiento de cada una de sus partículas, pero el comportamiento e interacción entre ellas da como resultado la manzana.

En la ingeniería de los semiconductores, se busca la miniaturización de estos y mientras sean del tamaño de la categoría de la "manzana", o sea, de la abarcable por el ser humano, y no se acerque al tamaño de las partículas, todo irá bien. Pero ya se está llegando al límite de lo pequeño y los ingenieros comienzan a observar fluctuaciones cuánticas no esperadas al reducir los tamaños de los semiconductores. En realidad, la frontera entre lo macroscópico y las partículas es muy difusa y la mecánica cuántica será la que nos explique, cómo funcionará este grupo de partículas que se creó como semiconductor pero tenía fluctuaciones cuánticas, con lo que no podrá funcionar para lo que se concibió.

Ya he escrito que estamos llegando al límite de lo pequeño y, claro, para avanzar en capacidad de procesamiento tendremos que acumular semiconductores. Por ahora, no hay problema, son tan pequeños que, aunque se acumulen muchos, seguirán cabiendo en un smartphone o tableta. Todavía quedan bastantes años para que se colapse la tecnología actual, pero eso no quiere decir que no se esté investigando en la próxima tecnología, los ordenadores cuánticos, de los que escribiré en una próxima entrada. Solo adelanto que los primeros prototipos, que ya están construidos, superan a los actuales en millones de veces la capacidad de cálculo y los semiconductores son sustituidos por las propias partículas. En este siglo se dará la transición del semiconductor a la partícula, crucial para el desarrollo del futuro robot.

De los robots, habría que diferenciar entre los creados ex profeso para una o varias tareas, con formas variadas, y los androides, hechos para parecerse al humano. Al primer tipo pertenecen, por ejemplo, los vehículos con conducción autónoma. Conforme la actividad a desarrollar por el robot necesite de más información y posibilidad de valoración, este requerirá de más y mejores sensores y capacidad de cálculo. El robot "siente", comprueba lo que está bien o está mal y actúa en consecuencia. La complejidad de las tareas a las que se enfrenta un robot es cada vez mayor. La conducción, una vez aprendida, no es una tarea que precise mucho proceso de cálculo para nosotros, pero sí de reflejos. Teóricamente, las situaciones se repiten de forma parecida, sin sorpresas. Eso sí, se necesita tener los sentidos (90% vista) en buenas condiciones para que nos den la información más fidedigna posible. Sin embargo, ¿qué pasa si ocurre algo no previsto, no aprendido? Pues se tendría que crear de la nada una respuesta relacionando los recuerdos, algo muy complicado. La tecnología actual ya es suficiente para que los vehículos hagan una conducción autónoma. Por otro lado, Nadine, Kodomoroid, ASIMO son androides; las dos primeras buscan un mayor parecido al humano y ASIMO es más funcional. Parecerse al humano cogiendo un martillo es relativamente fácil; en cambio, parecerse al humano en los sentimientos, es mucho más complejo.

Para poder copiar cómo funciona un ser humano, incluido su cerebro, hay que entenderlo, y en ese sentido, parece que todavía falta un poco, pero por una cuestión muy simple, hasta ahora nuestros estudios han ido de lo macroscópico a lo microscópico, según nos posibilitaba la tecnología, mientras que todo el Universo fluye de lo pequeño, de las partículas, hacia lo grande. Ya se conoce cuál es la naturaleza de casi todas las partículas y fuerzas que interactúan con ellas, pero lo poco que falta impide, todavía, poder deducir con exactitud el comportamiento de un elemento macroscópico.  La cuesta se hace más empinada si pensamos que una sola célula puede estar compuesta por trillones de partículas y un ser humano por billones de células, pero la computación cuántica trabaja desde las partículas dando respuestas macro y aunque estemos en los albores, todo parece indicar que va a seguir evolucionando hasta darnos la solución.

A mi parecer, lo que diferencia todavía al ser humano de un robot es: por un lado, la capacidad de aprender significativamente; y por otro, la capacidad de hacerlo de forma infinitesimal, es decir, que aprenda según contexto y además con la riqueza de hacerlo con casi infinitas subjetividades. La combinación de miles de trillones de partículas que tiene nuestro cerebro nos da una idea de la complejidad de la imitación y no digamos si, además, añadimos el cuerpo.

Yo soy un convencido de que la Vida es una gran "máquina" evolucionada de forma darwiniana, principalmente, y que gracias al avance de las máquinas, conoceremos mejor la Vida y podremos evolucionarla; así, seremos capaces de desarrollar la máquina mucho más. Tras la evolución de estas, irá la de la Vida y tras esta, habrá otra de la máquina, entrando en una espiral que nos llevará a que la máquinas formen parte de nosotros, con una hibridación absoluta, sin ser capaces de distinguir quién es qué.


La pregunta será, entonces, ¿qué vamos a hacer cuando un robot se haga adulto y quiera independizarse?